LAS LUNAS DEL NOMO

RUY

miércoles, 2 de abril de 2014

CUENTO DE NOMOS PARA DORMIR PRINCESAS CAPITULO FINAL Cuarta parte

Las sirenas y los tritones habían conseguido engañar a la Luna y al nomo, reunidas bajo su reino submarino festejaban que su plan había funcionado y que esa misma noche podrían disfrutar de nuevo de su reflejo sobre la Luna, de nuevo volverían a sentirse las criaturas más hermosas y poco les importaba la tristeza de la Luna, pues sabían que mucho tiempo a la Luna no le hizo falta la atención de otra criatura, y que se dedicaba tan solo a regalar sus rayitos de luz a quienes la voltearan a ver, sin esperar nada a cambio, sin preocuparse si duraban las miradas sobre ella un parpadeo o toda la noche, o todas las noches, como el nomo lo hacía.
Al nomo no le tomaban importancia, pues para ellos era cierto eso de que su fealdad era inmensa, y un peso para cualquier criatura que tuviera que tolerarle, así que del nomo no se preocupaban, pues no les interesaba en absoluto lo que le pasara a él, lo único que les importaba fue que él les había robado la atención de la Luna, y por ego no podían permitir eso, sobre todo siendo el nomo la criatura más horrible sobre la tierra, así que con el ego descansando las sirenas y tritones estaban felices.
El Mar era otra de las criaturas mas sabias de aquellos días, pues era tan viejo como cada cristal de Luna que guardaba tras las cascadas, si bien las sirenas y tritones tenían su reino en las profundidades del Mar, ellos no contaban con ningún soberano, pues la única regla que tenían que seguir era la de adorarse ellos mismos, no concebían adorar a ningún otra criatura, pues ningún otra criatura contaba con la belleza digna para darles una orden, sin embargo, respetaban al Mar, y el Mar respetaba a cada criatura que vivía dentro y fuera de él, sin importarle si eran los reyes más poderosos de aquellas tierras, o las mariposas más pequeñas, el Mar respetaba a todos por igual.
Pocas veces el Mar tomaba partido en los conflictos que pudieran haber entre otras criaturas, y a lo mucho si actuaba lo hacía como mediador, o para dar su punto de vista, pues siendo muy sabio, muchas veces le tomaban como juez para terminar un conflicto, y las sugerencias que el mar daba, se acataban como ordenes, aunque para el mar no fuera esta su intención al hablar, pues respetaba la libertad de todas las criaturas.
Todos en aquellos días sabían que el Mar tenía una enorme devoción por la Luna, e incluso se contaba que alguna vez en el murmullo de sus olas, dejo escapar una noche, la palabra prohibida para la Luna, quizás por eso la acompañaba siempre y de cualquier lado del planeta, la acompañaba en su inmensidad mientras cruzaba de un lado a otro, la acompañaba por las tierras corriendo dentro de alguno de sus ríos, la acompañaba hasta las cascadas donde escondía pedacitos de ella, la acompañaba en el hielo de las montañas más altas, donde en un principio el cubría esos picos, la acompañaba a cualquier rincón dejando que su luz le transformara y le diera vida a las aves que salían de las flores que cubrían aquel planeta.
El mar ya conocía los planes de las sirenas y los tritones, pero no quiso detenerlos pues como les dije, él respetaba la libertad de cada criatura, así que teniendo fe en que los sentimientos de la Luna y el nomo fueran fuertes, pensó que ejercerían su libertad para no creerles a aquellas hermosas y vanidosas criaturas, pero no había sido así, y pese a que bien pudieron haber escogido no creerles, las mentiras de las sirenas y tritones ya les habían llenado el interior del vacío de la tristeza y la Luna se escondía en lo alto sin brillo, sintiendo que el nomo le había mentido, y sintiendo hasta ese momento por primera vez la tristeza y la soledad que jamás había conocido, así como jamás había sentido todo lo que el nomo le había hecho sentir, pero la Luna había decidido escuchar a las sirenas, y peor aún, había decidido creerles.
Lo que sentía el Mar por la Luna era muy grande, tan grande como lo que el nomo sentía, y por eso quizás debería de suponerse que ahora al separarse la Luna del nomo, el más feliz debería de ser el Mar, pero no era así, pues el Mar no quería ver triste a la Luna, y por conocer las historias más tristes sobre aquellas tierras, también conocía el dolor que provoca una tristeza así, por algo él había creado las cascadas volviéndolas un tributo, un llanto eterno que recordaba aquellas historias hermosas pero tristes, así que sabía muy bien del dolor que sentía la Luna, y el Mar no quería eso para ella.
El Mar sentía mucho coraje contra las sirenas y los tritones, por ser los culpables de que la Luna se sintiera tan mal, pensó en exiliarlos de sus aguas y obligarlos a vivir fuera de él y que perecieran con la piel seca y arrugada, para que su belleza se terminara y aprendieran un poco de humildad, pero el Mar respetaba a todas las criaturas y sabía muy bien que bastante castigo era el que jamás pudieran sentir la palabra prohibida, entendía que precisamente, aunque no lo dijeran, lo que les había hecho comportarse así, era la envidia que tenían hacia el nomo, pues el sin contar con ninguna virtud física había sido capaz de sentirla y hacérsela sentir a la Luna, así que ellos, siendo tan hermosos estaban condenados a no conocer nunca el sentido de aquella palabra y de la vida misma.
El Mar simplemente sacudió sus aguas y les derrumbo algunos muros para hacerles notar que estaba molesto y dejaran de reírse, todas las criaturas que habitaban sus aguas habían sentido el coraje del Mar y entendían su enfado, todas las criaturas que vivían dentro de sus aguas guardaron silencio, pues entendían también la tristeza que debía de estar sintiendo la Luna, las sirenas y los tritones fueron a esconderse a los corales, llenos de miedo, pues el Mar les había dejado ver sobre la arena la amenaza de expulsarlos de sus aguas y dibujo con sus corrientes las imágenes de sirenas y tritones con la piel seca y arrugada, con la piel cubierta de fealdad, eso atemorizo a las sirenas y tritones y prefirieron irse a esconder, pues una vida sin belleza no tenía sentido para esas criaturas que solo eran belleza, que eran la belleza misma.
Así el Mar al ver que su amenaza les había infundido miedo a las sirenas y tritones, se marcho en busca de la Luna, pues no quería que ella pasara más tiempo llenándose de aquella tristeza inmensa, y recorrió todas sus aguas hasta el otro lado del planeta donde sabia que la Luna estaba escondida en la obscuridad de la noche, pero era difícil encontrarla estando tan lejos y además sin brillo alguno la Luna no se veía a simple vista, así que agito sus aguas para levantar una ola de espuma lo más alto que pudo, agito sus aguas hasta que logro subir aquella ola de espuma a una montaña, la más alta que conocía, agito sus aguas para crecer mas y mas, agito sus aguas con la fuerza de lo que sentía por la Luna, y con el deseo de terminar con su tristeza, agito sus aguas tan alto que desde el otro lado del planeta se pudo ver la enorme ola luchando por mantenerse erguida.
La Luna estaba escondida en la obscuridad de la noche, sintiéndose vacía y sin ganas de brillar, la tristeza de sentir que sin importar que fuera la primera vez que sentía aquella palabra, fuera mentira, no quería brillar para que no se vieran sobre su piel las imágenes que el nomo le había dibujado, no quería brillar para no dejarse engañar de nuevo por alguna criatura que simplemente buscaba obtener uno de sus rayitos de luz, no quería brillar esa noche para nadie, y no quiso mirar a nadie aquella noche, así que no alcanzo a ver al Mar, montado en aquella ola de espuma.
Las estrellas esa noche habían apagado también su brillo porque entendía la tristeza de la Luna, la podían sentir en cada granito de su polvo, y para hacerle saber que no estaba sola habían dejado de brillar también esa noche, pero una de aquellas estrellas vio la ola de espuma desde donde estaba, y acercándose un poco pudo ver que el Mar estaba encima de aquella ola mirando hacia aquella obscuridad, las estrellas son criaturas curiosas así que no paso mucho tiempo para que decidiera acercarse hasta aquella enorme ola, después de darle varias vueltas el Mar la salpico con aquella espuma para preguntarle por la Luna, la estrella le conto que la Luna estaba muy triste y que seguramente no volvería a brillar, y que las estrellas tampoco lo harían, no al menos sobre aquel planeta.
El Mar le dijo que sabía lo que le pasaba y era por eso que la estaba buscando, pues él sabía cómo hacer que la Luna volviera a brillar, al principio la estrella dudo pensando que quizás solo estaba buscando convencerla de que brillara, para que siguiera disfrutando se su luz, pues aquella noche, esa eso lo que todas las criaturas de aquel cielo pensaba, que las criaturas de la tierra solo buscaban a la Luna por interés, y que jamás les había preocupado su soledad o su tristeza, si bien era cierto que nadie nunca le había regalado la palabra prohibida a la Luna, también era cierto que todo era diferente en aquellos días, y que en la tierra había un nomo que sentía como nunca se podría llegar a sentir, la palabra prohibida, y que la sentía por la Luna, para la Luna, así que el Mar le dijo esto a la estrella y la estrella fue a buscar a la Luna, pues las estrellas al igual que el Mar, solo querían ver feliz a la Luna y si el Mar sabia como devolverle el brillo, no valía la pena esperar más tiempo, pues la Luna corría el peligro de que si pasaba demasiado tiempo sin brillo, podría volverse un agujero negro y sentir ese vacío que la tenia apagada, por siempre, teniendo la necesidad de devorar todo lo que se le pusiera enfrente.
Así que la estrella fue a buscar a Luna entre aquella obscuridad, tropezando muchas veces con otras estrellas, que al escuchar en el polvo que iba soltando la estrella, lo que el Mar le había contado, iban sumándose a la cola de aquella estrella, por fin encontraron a la Luna, fría y apagada, sin un solo destello de luz, tan vacía y triste, tan obscura, la rodearon entre todas pero la Luna no parpadeaba, no se encendía, con el miedo de que la Luna comenzara a convertirse en un agujero negro la cargaron entre todas para llevarla hasta donde el Mar estaba montado en su enorme ola de espuma.
El Mar sintió la tristeza como nunca la había sentido, ni siquiera en aquellas cataratas que había creado, sintió miedo como nunca jamás había sentido, pues la Luna estaba apagándose para siempre, en ese momento todas las aguas se volvieron saladas, las de los ríos, las de los océanos, las que subían con el aire hasta las nubes, y las que caían como lluvia sobre los bosques más lejanos, todas las aguas se volvieron saladas, pues el Mar estaba llorando como nunca antes había llorado, pues la Luna se estaba apagando, se estaba muriendo.
El Mar sacudió sus aguas nuevamente, esta vez con toda la fuerza que el miedo de ver morir a la Luna le causaba, volvió fuerza el miedo, volvió pasión el miedo, volvió milagro el miedo, y la ola de espuma sobre la que estaba montado se engroso, les pidió a las estrellas que la pusieran sobre aquella ola, y con cuidado fue bajando de aquella montaña con la Luna encima de él, la llevo lo mas lejos de cualquier orilla y poco a poco fue sumergiéndola en sus aguas, que se habían vuelto completamente de espuma.
Todas las criaturas que habían sido tocadas por las aguas saladas de aquel momento, supieron lo que pasaba y sintieron el miedo que el Mar sentía, el miedo que las estrellas sentían, el miedo de saber que la Luna estaba muriendo, el miedo de saber que nadie podía hacer algo para evitar aquello, incluso las sirenas y los tritones tuvieron miedo, pues la Luna era la criatura más hermosa que podía contemplarlos a ellos y si la Luna muriera su ego se vería afectado, pues ningún otra criatura, además de ellos, era tan hermosa como la Luna, y en ese momento por sus mentiras, la Luna estaba muriendo, y seguramente eso haría que sufrieran el castigo de no ser vistos por nadie, y su existencia seria vacía pues nadie podría admirarlos teniendo ellos tanta belleza.
El Mar dejo que su espuma penetrara cada grieta de la Luna, y como esponja la Luna fue absorbiendo toda el agua que le cupo, dentro de la espuma el Mar de conto todo lo que había pasado, le conto de las mentiras de las sirenas y de los tritones, hizo que su voz se escuchara dentro de aquella espuma, para que supiera que cada palabra que le habían dicho era mentira, pero la Luna parecía no escuchar ya nada, en las orillas de todo el planeta, las criaturas lloraban por lo que pasaba, lloraban por la Luna que moría, y sus lagrimas fueron alimentando los océanos, dejando que la Luna escuchara la preocupación de todos, y el aprecio que todos le tenían, pero la Luna ya sabía eso, y era por eso que brillaba para todas las criaturas, era por eso que les regalaba sus rayitos de luz, sin importar que la vieran tan solo un parpadeo, la Luna ya sabía eso, pero no sabía lo que el nomo le había hecho sentir.
Entonces el Mar dejo dentro de la espuma la voz chillona del nomo, y le mostro todas las veces que sin tenerla de frente el nomo mencionaba su nombre y la palabra prohibida, sin importar si alguien lo acompañaba o estaba solo, le enseño que pasaba los días solo nombrándola, le enseño que estaba una noche atrás, buscando unas semillas, las más hermosas, para ir a buscar a un hechicero y regalarle el árbol más bello, y acercarse por fin a ella, le enseño que el nomo sentía la palabra prohibida por ella, que era cierto, que no lo había imaginado, que no lo había soñado.
La Luna parpadeo al ver aquellas imágenes de su nomo pensando en ella, parpadeo al verlo hablar de ella, parpadeo al ver que sin miedo a ser castigado gritaba por los bosques la palabra prohibida para ella, parpadeo porque dentro de ella latió la palabra prohíba con el nombre del nomo, parpadeo porque solo necesitaba que una criatura latiera aquella palabra por ella y para ella, solo una criatura, no necesitaba más, solo una criatura la hizo parpadear, solo el nomo y con la fuerza de sus latidos para ella, volvió a parpadear.
Los corales que rodeaban aquellas profundidades se iluminaron, regalándole a la Luna su luz, dentro de los corales estaba toda la tristeza que las criaturas de la tierra habían llorado, y la tristeza también del Mar al verla morir, y al regalarle su brillo estaban transformado toda esa tristeza en luz, en una luz que iluminaba de vida una vez más a la Luna y transformando la tristeza en alegría, por volver a verla brillar.
El Mar, las estrellas y todas las criaturas que vieron el brillo de la Luna sumergida en esas aguas, sintieron una inmensa alegría, las estrellas volvieron a brillar todas en un destello que ilumino por completo los cielos de la tierra, el Mar poco a poco fue desvaneciendo su espuma, y las aguas de toda la tierra brillaban por la Luna, todas las criaturas en ese momento sabían que la Luna y el nomo tenían que estar juntos, sabían que nadie sentía con tanta fuerza la palabra prohibida por la Luna, sabían que el nomo y la Luna tenían que estar juntos, incluso el viejo hechicero que el nomo estaba buscando había visto aquello, y sin dudarlo le pidió al viento que le consiguiera las semillas más hermosas para volver realidad el regalo de nomo.
Los tritones en ese momento recordaron lo que le había pasado al nomo, y que se había lanzado a la cascada para no permitir que la Luna lo volviera a ver, su voz llego hasta la Luna llenándola de preocupación por el nomo, el Mar le dijo que tenía que recuperar su brillo por completo y que necesitaba ahora subir de nuevo al cielo para que el polvo de las estrellas le regresara todo su brillo, y que mientras hacía eso, el buscaría al nomo, agito de nuevo sus aguas y expulso a la Luna fuertemente para colocarla en órbita de nuevo, ahí las estrellas no tardaron nada en acercarse y envolverla para regresarle todo su brillo, mientras dentro del mar llegaban imágenes del nomo flotando dentro de él.
El Mar tenía que cruzar la tierra para llegar hasta donde estaba el cuerpo inconsciente del nomo, detenido por unas piedras, tenía que apresurarse a encontrarlo antes de que fuera también tarde para él, pues todo mundo sabía que si un nomo perdía sus latidos, ningún milagro se los podría regresar, así que lanzo un chorro de espuma al cielo para acariciar por última vez a la Luna y se alejo, la Luna envuelta en aquel manto de estrellas se sentía agradecida con el Mar, por haber ayudado a regresarle su brillo, pese a que ahora sabia la Luna que el Mar sentía también la palabra prohibida por ella, aunque ella no pudiera sentirla por él, y sintió un poco de tristeza por no poderle corresponder, pero las estrellas le contaron que los sentimientos así eran, y que uno no podía obligarse a sentir algo por alguien pues solo se le causaba daño, que esto el Mar ya lo sabía y por ser tan sabio lo entendía, y por eso, a pesar de no saberse correspondido, había preferido contarle todo lo que latía el nomo por la Luna, solo para verla feliz, solo para verla hermosa y radiante, como el nomo la veía, solo porque el Mar sentía algo parecido a lo que el nomo sentía, pero el Mar era más sabio y entendía que los sentimientos así son, y que se tenía que respetar la libertad de sentir lo que cada criatura quisiera sentir, él había decidido sentir aquello por la Luna, y la Luna había decidido sentirlo por el nomo, y el nomo por ella, así que el Mar respetaba esa libertad, por ser sabio, por ser Mar.
El nomo detenido por unas piedras, flotaba inconsciente, pero las imágenes de aquello que había pasado le habían penetrado por su áspera piel, haciéndole ver entre sueños a su Luna dentro del Mar, completamente apagada, estos destellos de imágenes lo hicieron reaccionar despertándolo lleno de miedo y de angustia, pues no sabía si eran reales o solo sueños, delirios que había tenido, tambaleando salió de aquellas aguas, tambaleando mencionando el nombre de su Luna, el sol brillaba en lo alto, y sabia que si algo le había pasado a su Luna, el no podría enterarse a menos que cruzara la tierra en contra del sol para llegar a la noche del otro lado, su miedo a estar lejos de su Luna le hicieron correr de nuevo, su miedo a no volver a verla, su miedo a no poder gritarle una última vez la palabra prohibida, así que el nomo de nuevo corrió, en contra de todo, hasta del sol.
Corrió de nuevo cruzando bosques y campos, corrió de nuevo tratando de no distraerse, ni siquiera para tomar su café, ni siquiera para encender su tabaco, corrió de nuevo subiendo por montañas, cruzando ríos que le recordaban que al llegar a la orilla de aquellas tierras tendría que nadar todas las distancias que nunca había nadado, y que seguramente sería en medio del mar, donde encontraría a su Luna, corrió y corrió hasta que las piernas se le doblaron.
Estaba llegando a la cima de una montaña, era la más alta de aquella cordillera, y sus picos estaban cubiertos de hielo, pero sabía que era la última que tendría que escalar, así que trato de hacerlo lo más rápido que pudo, pero sus piernas ya no aguantaban mas, y sus brazos le temblaban haciendo difícil sostenerle, sus garritas ya se habían desgastado y era difícil hacer que se sujetara de aquellas paredes de hielo, así que muchas veces resbalaba, pero seguía adelante, aferrándose hasta con sus dientes.
Faltaba poco para la cima, cuando un pedazo de hielo se quebró haciéndolo resbalar muchos metros hacia abajo, cayéndole encima dejándolo aturdido por el golpe, mareado por la caída y por la falta de descanso el nomo tenía nublada la vista, y al tratar de subir por un muro de hielo, vio su reflejo sobre aquel cristal blanco.
Recordó que los tritones le habían dicho que subían a lo alto de las montañas porque en aquellos muros de hielo su belleza brillaba con más claridad, y su reflejo ahora le dejaba ver toda su fealdad con la misma claridad, acaricio el reflejo con sus garras temblorosas.
-¿es así como me veo? ¿Es así como me ven todos? ¿Es así como me ve mi Luna?
Repetía en voz alta mientras su garrita temblorosa trazaba su silueta en aquel reflejo, repetía en voz alta mientras de sus ojos volvían a salir lagrimas que le escurrían por la ojeras cayendo como pedacitos de hielo por el frio que se sentía, sobre el piso.
-¿es así como me ven todos? ¿Es así como me ve mi Luna? ¿Qué es lo que soy? ¿Qué clase de criatura soy? ¿En qué me convertí? ¿En qué me convirtieron?
El nomo sintió coraje al recordar el hechizo que le había transformado en esa criatura que tenía enfrente, sintió coraje contra la princesa que lo había hechizado, sintió coraje contra las criaturas que le habían aventado piedras al verlo acercarse, sintió coraje con su Princesa Luna por haberse ido con un príncipe, sintió coraje con su Luna por haberlo engañado y hacerle sentir que lo miraba a él, que brillaba para él, sintió coraje contra él, por ser esa bestia que encerraba toda la fealdad de la tierra y no poder ser otra criatura digna de su Luna, sintió coraje y lleno de coraje golpeo aquel reflejo, rompiendo aquel cristal de hielo.
Cayo de rodillas y llevándose las manos al rostro estallo en llanto.
-no puede ser, no puede ser, no puedo dejar que mi Luna me vea así, no así, no puede ser, no puedo dejar que me vea así.
Lloraba y lloraba mientras sobre el suelo caían sus lagrimas convertidas en escarcha, lloraba sintiendo las palabras de los tritones que le habían dicho que si sentía algo por la Luna, era preferible que le evitara verlo, pues su fealdad era inmensa, y ahora al ver su reflejo, entendía porque lo decían y entendía que tenían razón, y que no podía permitir que la Luna lo viera siendo lo que era, lloro y lloro hasta que la escarcha de sus lagrimas le cubrió las rodillas, lloro y lloro hasta que la tristeza por verse como era le hizo sentir que era injusto que la Luna se quedara con él, que era injusto que una criatura tan hermosa y radiante como era su Luna se fijara solo en él, no importaba que el sintiera la palabra prohibida por ella, no importaba que fuera esta palabra por ella y para ella, lo único que latía dentro de él, no importaba la palabra prohibida, porque con la apariencia que tenia era injusto pedirle a la Luna que le regalara siquiera un rayito de su luz, era injusto que quisiera acercarse a ella, pues más de cerca le vería tan feo como en realidad era, era injusto que deseara que sus garritas le rozaran la piel, no esas garras ásperas y toscas que tenía el nomo, no podía ser, no quería que fuere así.
Pensó que demostrarle a la Luna lo que sentía con dibujos y con el árbol que quería regalarle, no bastaba, pues por mas cosas bellas que el nomo pudiera hacer, su fealdad no cambiaria y siempre, sin importar lo bello de sus regalos, su fealdad estaría ahí, ante los ojos de la Luna y de todas las criaturas, y no podía permitir que la Luna padeciera también su fealdad, no podía permitirse hacer pasar a la Luna una noche más mirando su horrible rostro, si quería estar con ella, tenía que hacer algo.
Se puso de pie y sacudió la escarcha que sus lágrimas le habían dejado, vio su reflejo ya distorsionado por los cortes que el golpe contra aquel muro de hielo.
-no puedo dejar que me vea así, no puedo dejar que me sienta así, no pedo volver a verla así, no puedo.
Dio media vuelta y comenzó a bajar aquella montaña, mientras pensaba como cambiar su apariencia, pues si bien era cierto que hacía mucho tiempo él ya vivía conforme con el rechazo y el aislamiento que vivía por su apariencia, esta vez lo que sentía dentro era más fuerte que ese confort que había aprendido a sentir, y por volver a decirle la palabra prohibida a su Luna estaba dispuesto a todo, incluso a terminar con aquella fealdad a la que se había resignado, bajo de aquella montaña lleno de tristeza, lleno de coraje contra el mismo, y aferrándose a no volver a permitir que su Luna tuviera que tolerar el ver una criatura tan fea como era él y si no conseguía cambiar su apariencia, prefería morir de vacío, que dejar que la Luna lo viera siendo la bestia que era, bajo de aquella montaña, para cambiar las cosas, y que todo fuera diferente, y que él pudiera ser al menos digno, de uno de los rayitos de su Luna, bajo de la montaña, para terminar con su maldición, bajo de la montaña, para buscar como cambiar las cosas, bajo de la montaña para esta vez, ir en contra de sí mismo, ir en contra de su horrible aspecto, para ir en contra de lo que era, un nomo y nada mas.

martes, 25 de marzo de 2014

CUENTO DE NOMOS PARA DORMIR PRINCESAS CAPITULO FINAL Tercera parte

Los tritones después de haber escuchado que el nomo andaba recogiendo semillas para ir a ver a un hechicero, lo esperaron a las faldas de aquella montaña donde vivía aquel sabio hechicero, el nomo había pasado los primeros instantes de la mañana buscando las semillas más bonitas, las de aquellos arboles que tuvieran los colores más intensos y de donde pudieran nacer las flores y aves más hermosas, él había pensado que si mezclaba aquellas semillas, tanto las flores como las aves serian el regalo perfecto para su Luna, pues serian las flores y aves más hermosas sobre aquellas tierras, y con esto quería demostrarle a su Luna que para él, ella era la criatura más hermosa y que merecía precisamente los regalos más bellos.
Emocionado cruzo varios ríos y bosques, pues la montaña donde vivía el hechicero quedaba lejos de aquel lugar donde de madrugada se había despedido de su Luna, corrió como la bestia que era y pese a siempre estarse distrayendo con las cosas y criaturas que encontraba a su camino, esta vez había conseguido que nada le distrajera, y corrió y corrió, cruzo bosques, ríos y montañas, tan solo para llegar antes de medio día hasta la montaña donde el hechicero vivía, así tendría tiempo de sembrar las semillas encantadas y en el transcurso del día podría crecer su nuevo árbol, así sorprendería a su Luna al asomarse esa noche y encontrarlo por fin cerca de ella, la emoción de aquella ilusión le hacía correr más aprisa, a pesar de que las piernas ya le temblaban y que el traje azul que usaba ya se le pegaba al cuerpo por la mezcla de sudor y agua de aquellos ríos que había cruzado.
Por fin desde una colina pequeña, logro ver la imponente montaña, más alta que todas las que había escalado en esa travesía y en su vida, era tan alta que la cima no se alcanzaba a ver, y escondida tras un cumulo de nubes estaba aun mas alta la cueva donde vivía aquel hechicero que le ayudaría a darle a su Luna la ofrenda que mejor podría demostrar lo que sentía por ella, pues ahora para el nomo y su Luna, gritar la palabra prohibida ya no era suficiente, y habían aprendido a sentirla y gritársela de mil maneras diferentes, entre las imágenes que el nomo le dibujaba con las hojas y flores de los arboles, entre las copias de aquellas imágenes que la Luna se tatuaba sobre su piel, deseando que fueran las garritas del nomo quienes le trazaran su blanca piel, entre el desafío que era llevar aquellas emociones a ese grado, pues sabían los dos que estaban rompiendo muchas reglas de aquellos tiempos, aun así, ellos aprendieron a gritarse aquella palabra sin tener que decirla.
Bajó de la colina y se acerco al río que comenzaba a fluir desde una cascada que estaba al pie de aquella montaña, el sol aun no brillaba en lo más alto, así que había llegado con buen tiempo y si lograba escalar aprisa, podría conseguir que aquella ilusión de sorprender a su Luna esa noche se volviera realidad, pero el nomo no sabía que detrás de la cascada se escondían los tritones, dispuestos a terminar con aquel absurdo y recuperar la atención de la Luna, y poder sentirse nuevamente, junto con las sirenas, las criaturas más hermosas y con mayor atención sobre la tierra.
El nomo bajó de aquella colina y buscando quitarse un poco el sudor de encima y refrescarse para la escalada más grande que haría en toda su vida, se metió al río, fue nadando con dificultad, pues la cascada era muy alta y esto hacia que el río corriera con mucho más fuerza que otros ríos, fue nadando contra su cansancio, contra la corriente del río, contra las leyes de aquellos tiempos, contra todo y contra todos, fue nadando, pues lo que sentía por su Luna le daba fuerzas para seguir adelante a pesar de todo, a pesar de ser un nomo.
Al acercarse al pie de la cascada tuvo que sujetarse de unas piedras, y jadeando como desesperado el aire húmedo de aquella cascada pensó que ya le faltaba poco, si conseguía pasar por detrás de la cascada solo le quedaría escalar y por sus garras escalar era algo que le resultaba fácil al nomo, así que jalando todo el aire que le fue posible, se sumergió para nadar por debajo de aquella cascada, fue más difícil de lo que él pensó, y la corriente lo arrastraba alejándolo de la base, así que tuvo que nadar más profundo para evitar retroceder, o intentar sujetarse de algunas piedras, y así conseguir cruzar.
Estaba cerca del fondo y consiguió ver unas piedras de las que podría sujetarse, así que haciendo un nuevo esfuerzo trato de llegar hasta ellas, pero antes de que pudiera tocarlas, sintió un jalón en los tobillos que le arrastro, sin que por mas braceadas que diera pudiera controlar la dirección, trataba de mirar que le sujetaba los pies jalándolo y sacudiéndolo, pero entre los tirones y la corriente no tenia control de su cuerpo, los nomos no son muy buenos nadando, y si bien había aprendido a hacerlo por la necesidad de conocer lo que el mar contaba, era cierto que no era muy bueno en esa labor, así que no pudo tener control en aquel momento y el aire se le escapo por la desesperación dejándolo casi inconsciente.
Sintió un ultimo jalón y de nuevo volvió a entrar aire en sus pulmones, por instinto se aferro a lo primero que encontró y aun sin tener clara la vista y entre intentos por sacar todo el liquido que había tragado fue saliendo del agua, apenas y pudo distinguir que estaba detrás de la cascada, sin saber cómo había conseguido llegar hasta la parte trasera y fue la melodía que sonaba ahí, lo que le hizo saber que estaba del otro lado, pues contrario al estruendo que se escucha afuera por el agua cayendo, del otro lado todos sabían que se escuchaba una melodía hermosa, triste pero hermosa, pues decían que aquella melodía cantaba las historias más tristes que el mar conocía, y eran las cascadas el llanto constante del mar, que soltaba en ofrenda a aquellas historias tan hermosas y tristes.
Así el nomo aun tratando de recuperar el aliento miraba con asombro aquella cueva de cristales que le rodeaba, cristales que se acumulaban de cuando la Luna tocaba las aguas de los ríos y las convertía de liquidas a solidas, volviéndose cristales que descomponían la luz de la Luna llenando de colores aquellas orillas, muchas veces el mar conseguía recolectar los cristales más hermosos y los escondía detrás de sus cascadas, tan solo para que quien se atreviera a cruzar aquellas lagrimas suyas encontrara una belleza tan sublime, solo unos cuantos conocían aquello, pues no es fácil animarse a cruzar tanta tristeza aunque fuera para encontrar aquella belleza.
El nomo acariciaba aquellos muros de cristal pensando en su Luna, pues sabía que en cada pedacito de cristal estaba un poco de su luz, y sentía que pronto podría acariciarla a ella; de momento un chapoteo le hizo voltear y se sorprendió cuando vio a seis tritones sentados en la orilla de aquellas piedras que rodeaban ese lado de la cascada.
-Perdonaras la rudeza nomo, nomo, pero consideramos que necesitabas ayuda para cruzar la base de la cascada, no era nuestra intención lastimarte, jamás le haríamos daño a ninguna criatura, somos demasiado hermosos para contener maldad, y aunque solo seas un nomo, quisimos ayudarte al ver que te estaba costando trabajo cruzar la cascada, pero dinos querido nomo, nomo, ¿Qué te hizo tener valor para cruzar la cascada? ¿Has venido por algunos cristales para cambiarlos por tabaco, café o cacao? Porque no creemos que hayas venido solo a acariciar tu reflejo en los cristales, y no te ofendas nomo, nomo, solo que consideramos que necesitas valor para atreverte a mirar tu reflejo sobre un objeto tan hermoso como un cristal de Luna, cuéntanos nomo, nomo, ¿Qué te ha traído hasta aquí?
El nomo se intimido ante la belleza de aquellas seis criaturas, pues si las sirenas poseían una belleza excepcional, los tritones no habían sido negados de aquel encanto, así que las criaturas mas varoniles eran ellos, con los cuerpos más perfectos, casi como esculpidos por los artesanos más hábiles, cosa imposible, pues precisamente ningún artesano se atrevía a hacer una escultura de un tritón por la perfección que esto implicaba, y es que cada detalle en ellos era bello y masculino, perfecto, y cada detalle de ellos imponía siempre a cualquier otra criatura, y mucho mas al nomo, que carecía de cualquier tipo de belleza.
-¿Qué pasa nomo, nomo? ¿Es que acaso no sabes hablar? No dejes que nuestra belleza te deje mudo querido nomo, nomo, que para serte sinceros no es tan halagador que una criatura como tú se quede mudo ante nuestra belleza, anda querido nomo, nomo, que nuestro aspecto no te distraiga y cuéntanos que has venido a hacer hasta esta montaña.
El nomo estaba acostumbrado al desprecio, pues desde que fue convertido en nomo se había enfrentado a él, así que la soberbia de aquellos hermosos seis tritones no le causaba enfado, pero si era cierto que su belleza le intimidaba mucho, sin embargo gracias a ellos había cruzado la cascada y había conseguido contemplar aquella belleza que se escondía detrás de ella, si no hubiera sido por ellos seguramente hubiera tardado más de tres intentos en cruzarla y esto le retrasaría en su viaje, así que decidió contarles que había escuchado de aquel hechicero que vivía en la cima de aquella montaña y que necesitaba verlo.
-es cierto nomo, nomo, en la cima de esta montaña vive ese hechicero del que has oído, nosotros le hemos visto cuando subimos a la cima buscando muros de hielo que sean dignos de reflejar nuestra imagen, pero dinos querido nomo, nomo, ¿para qué le buscas? ¿Qué necesitas de él? Quizás nosotros podamos ayudarte a llegar hasta él y no tengas que perder tiempo escalando las rocas de esta montaña, que aunque garras tienes créenos que se necesita mucha habilidad y fuerza para poder escalarla, y tu aspecto no es el de una criatura hábil y fuerte, así que puedes contarnos querido nomo, nomo, que ya te hemos ayudado a llegar hasta este lado, mira que te tenemos consideración, pues habernos atrevido a tocar tus ásperos tobillos con nuestras suaves manos ya es muestra de que te tenemos consideración, cuéntanos nomo, nomo, ¿Qué necesitas del hechicero?
El nomo no sabía si contarles o no lo que necesitaba del hechicero, pues si bien era cierto que entre él y su Luna ya no temían demostrar lo que sentían, sabía muy bien que al hacerlo estaban rompiendo muchas leyes, demasiadas reglas, sobre todo la de sentir y gritar la palabra prohibida, pero a pesar de todo, él y su Luna ya no tenían miedo de que el mundo supiera lo que pasaba entre ellos, y tanto el nomo como la Luna, habían aprendido a mostrar sus sentimientos sin sentir vergüenza o miedo, así que se atrevió a contarles a aquellos seis hermosos tritones lo que necesitaba del hechicero, les mostro las semillas y les conto de su deseo de sorprender a su Luna esa misma noche con un árbol que diera las flores y las aves más hermosas, y que creciera tanto que pudiera estar junto a ella esa misma noche, el nomo al contarles todo aquello no pudo evitar mostrarles toda su emoción e ilusión con poder hacer feliz a su Luna, con poderla sentir por fin y sobre todo, con poder hacerle sentir esa misma noche a su Luna, la palabra prohibida, como nunca él la había sentido, como nunca su Luna la había sentido.
Al ver la emoción e ilusión del nomo, con hacer feliz a su Luna, los tritones sintieron más coraje en contra del nomo, y por la misma razón que las sirenas, pues a pesar de ser las criaturas más hermosas, jamás podrían sentir la palabra prohibida por otra criatura, solo por ellos mismos, solo por su reflejo, y ninguna criatura podría sentirla por ellos, pues el poder de su belleza simplemente hacia que ningún otro sentimiento más que encanto y admiración se les tuviera, así que les dio mucho coraje el ver que una criatura tan falta de virtudes y de belleza, pudiera ser capaz de sentir algo que ellos con toda su hermosura jamás sentirían, y que una criatura tan bella como la Luna, se viera atraída por esta horrible criatura y no por ellos, que tan hermosos eran, así que razones de sobra tenían para cumplir con lo acordado la noche anterior.
-nomo, nomo, de verdad que eres una criatura maldita, nomo, nomo, no solo fuiste negado de belleza o cualquier otra dote física, sino también de inteligencia, nomo, nomo, que ingenuo eres, o demasiado soberbio para ser la bestia que eres querido nomo, nomo, ¿Qué no sabes quién es la Luna? ¿No has visto lo hermosa que es? ¿Cómo se te ocurre que una criatura así de hermosa pueda fijarse en una criatura como tú? Nomo, nomo, no es posible que te hayas dejado envolver con su belleza, tan hermosa e inmensa ¿crees que se conformara con una simple bestia como tú? ¿Crees que podrías hacerla feliz con esa apariencia que tienes? Nomo, nomo, eres una bestia ingenua y es normal que te hayas dejado emocionar por la Luna, pues entendemos que no sean muchas las miradas que alguien se atreve a poner sobre ti, pero nomo, nomo, ¿la Luna? ¿De verdad le creíste que pudiera ser solo para ti?
El nomo se empequeñeció en ese momento, pues aunque entendía que los tritones no tenían idea de lo que él sentía por su Luna y su Luna por él, también entendía que sus palabras tenían razón, y que su Luna era hermosa y radiante y él un simple nomo, la criatura más horrible que podía habitar sobre la tierra, así que aunque los tritones jamás lograran entender la palabra prohibida, ellos si entendían de belleza, y su Luna era bella, era hermosa, y para él, su belleza era incomparable, y por lo tanto merecedora de las cosas más bellas, precisamente por eso estaba el ahí ese día, para conseguir que el hechicero le ayudara a crear el árbol con las flores y las aves más hermosas de aquel tiempo, tan solo para su Luna.
Los seis hermosos tritones se dieron cuenta de que habían conseguido hacer dudar al nomo, pero sabían que el nomo era necio, y que no se rendiría tan fácil y que tendrían que esforzarse más para convencerlo de que aquello era una locura.
-nomo, nomo, de verdad que eres ingenuo e idiota, ¿Cómo pudiste engañarte a ti mismo? Aunque bien sabemos que la Luna vanidosa es, y suele regalarle su brillo a cualquier criatura tan solo para que la volteen a ver, debió de ser fácil para ti creerle, pues seguramente no recibes muchas miradas, pero querido nomo, nomo, la Luna es así, necesita que la miren para sentirse hermosa, es como nosotros, aunque nos juzguen por pasar los días contemplando nuestro reflejo, nosotros no tratamos de engañar a nadie para que nos contemple y reconozca nuestra belleza, porque sabemos que ninguna criatura puede ser capaz de mirarnos con tanto asombro como nosotros mismos, pero la Luna, ¿tu Luna?, querido nomo, nomo, ella si necesita que los demás la volteen a ver, y no le basta con una sola criatura, por ser tan grande necesita mucha atención, y suele hacer que varias criaturas la miren desde diferentes lugares, nomo, nomo, ¿Cómo pudiste creer que solo te buscaba a ti? ¿Qué solo brillaba para ti? Eres ingenuo querido nomo, nomo, y te han engañado, has perdido el tiempo regalándole imágenes cuando del otro lado del mundo le regalan poemas y joyas, le regalan belleza como nosotros que le ofrecemos nuestra imagen para que se pueda ver reflejada en nuestros hermosos ojos, pero tu nomo, nomo, pensaste que unas imágenes le bastarían, nomo,nomo, si hasta el viento crea imágenes más bellas y se las regala a ella, quizás no las hayas visto porque suele esconderlas del otro lado donde tú no las puedas ver, nomo, nomo, querido nomo, que ingenuo eres.
El nomo sintió un dolor inmenso dentro de él, pues todo lo que le decían aquellos seis hermosos tritones estaba lleno de razón, ¿Cómo podía creer que era digno de una mirada de su Luna, de la Luna? Agacho la cabeza para que los tritones no vieran que sus ojos se habían empañado y al hacerlo vio su reflejo sobre los cristales de Luna que había en el piso de aquella cueva, se miró y sintió más dolor, pues tenían razón aquellas hermosas criaturas, él era horrible y la Luna, hasta en aquel pedacito de cristal era hermosa.
Sintió un dolor muy fuerte, más fuerte que el que sintió cuando fue transformado en nomo, sintió un dolor que le llenaba de vacío el interior, sintió un dolor que hizo correr sobre su horrible rostro lagrimas que fueron cayendo sobre los cristales de Luna, y al caer sobre ellos, se derretían.
-¿lo ves nomo, nomo?, hasta los cristales de Luna son deformados por tus lagrimas, algo tan hermoso como uno de estos pedacitos de Luna es deformado por tus asquerosas lagrimas, no vale la pena que te sigas engañando querido nomo, nomo, has cruzado tanta tierra en vano, solo por una ilusión tuya, solo por tu ingenuidad y por tu estupidez, querido nomo, nomo, ¿aun quieres subir a ver al hechicero? Si continuas con tus fantasías podemos llevarte para que tú solo te desengañes esta noche y te des cuenta de que a la Luna no le basta una criatura contemplándola, necesita más, y sobre todo necesita belleza y eso es algo que tú no puedes darle, nomo, nomo, no sigas engañándote, hazte un favor y vuelve a esconderte a los bosques, o a una cueva, y no dejes que la Luna te vea de nuevo, si de verdad sientes algo por ella, no dejes que tenga que padecer el aguantar tus horribles ojos sobre ella, y mucho menos que se refleje en ellos, porque ella merece ver su reflejo en algo hermoso y radiante como ella, no en la obscuridad de esos pequeños ojos que tienes encima de tus ojeras, anda nomo, nomo, mejor escóndete y no dejes que nadie te vea y le haces un favor a ella y a todas las criaturas, anda nomo, nomo, ese será un mejor presente para ella que tu ridículo árbol que al paso del tiempo podría secarse, anda nomo, nomo, ve y escóndete.
El nomo seco rápidamente sus lagrimas, al ver lo que les pasaba a los cristales de Luna cuando caían sobre ellos, tallo fuerte sus ojos y levanto la mirada hacia aquellos seis hermosos tritones, les vio y vio la belleza misma en sus ojos, en sus cuerpos, en sus cabellos, y vio en el reflejo de sus ojos, la fealdad que lo cubría a él, por dentro tenía un vacío que jamás había sentido, era como si ya no tuviera vida, metió su garrita al bolsillo de su traje y saco las semillas que había juntado, llenas de colores y de formas hermosas, y seguramente si conseguía convencer a aquel hechicero, darían vida al árbol más hermoso, con las flores y las aves más hermosas que sobre la tierra se pudieran ver, y seria ese el regalo más hermoso que la Luna podría recibir…
-de la criatura más horrible sobre el planeta.
Dijo el nomo y soltó las semillas sobre aquel suelo cubierto de cristales de Luna.
Se acercó hacia la orilla abriéndose paso entre los seis hermosos tritones, miró las aguas de aquella cueva y de nuevo volvió a ver su reflejo gritándole toda su fealdad, pero ya no aguanto más, levanto su horrible rostro y cerró los ojos, suspiro y se dejo caer a aquellas aguas llenas de tristeza, ahora no solo era la tristeza de aquellas lagrimas del mar, ahora también se mezclaba la tristeza del nomo con sus lagrimas y eran estas las que lo arrastraban hasta el otro lado de la cascada.

jueves, 6 de marzo de 2014

CUENTO DE NOMOS PARA DORMIR PRINCESAS CAPITULO FINAL Segunda parte




Eran tiempos diferentes, tiempos en que la magia corría libre dentro de aquellos bosques, y reinos, dentro de cada criatura que latía, dentro de cada grano de polvo que bailaba de un lugar a otro por medio del viento, eran tiempos muy diferentes, tan diferentes que la Luna sonreía solo para el nomo, y el nomo, gritaba la palabra prohibida solo para la Luna, para su Luna.
Pasaron muchas noches así, entre imágenes y sonrisas pálidas, entre diálogos en donde solo era la voz chillona del nomo la que recorría las ramas de aquellos arboles, pasaron muchas noches así, y aunque el nomo estaba rompiendo muchas reglas, ya las criaturas que insomnes le acompañaban por la madrugada, sabían que el nomo no pensaba, que el nomo no había escarmentado nada por su condena y que después de todo ya era un condenado, y peor condena no podría recibir, así que ninguna de las criaturas se atrevía a criticar aquella locura del nomo, ni a señalarle para juzgarle, para condenarle de nuevo, su locura y su estupidez no hacían daño a nadie, y por ser la criatura más horrible, las criaturas que le rodeaban le tenían un poco de lastima y le dejaban en paz, muchas veces hasta disfrutando de las cosas que el nomo les contaba solía hacer por su Luna.
Todo parecía estar en calma, y las cosas en aquellos días entre el nomo y su Luna avanzaban y crecían, pese a ser violaciones a muchas reglas, a nadie parecía inconformarles y el nomo podía estar en calma gritándole la palabra prohibida a su Luna cada noche, aunque algunas veces esa calma y alegría del nomo se opacaba durante el día, cuando sentía unas inmensas ganas de acercarse un poco a su Luna y sentirla y que ella lo sintiera.
Poco a poco algunas criaturas comenzaron a darse cuenta de las cosas que sucedían en aquellos días, o más bien noches, llegaban a los lejos los rumores de que algo le pasaba a la Luna, pues no dejaba de brillar cada noche y desde hacia tiempo no dejaba de menguar, sin saber porque, muchos comenzaron a inventar historias a aquellos suceso, algunos decían que la tierra estaba creciendo, y que era por eso que la silueta de la Luna permanecía menguando, pues la sombra de la tierra era más grande ahora, otras historias eran más pesimistas, pero ninguna se acercaba a la realidad, y nadie sabía que si la Luna menguaba era porque el nomo la hacia sonreír, y ella a él.
Unas de las criaturas más hermosas que habitaban aquellos tiempos eran las sirenas, poseían cualidades especiales, pues además de poder volar hasta llegar a las montañas más altas, también era cierto que con su incomparable belleza eran capaces de persuadir a cualquier criatura de hacer o de pensar lo que ellas quisieran, precisamente por saberse tan hermosas, eran vanidosas y envidiosas, ellas solían creer que la Luna se reflejaba sobre las aguas para poder contemplar su belleza y creían que la Luna estaba maravillada con ellas, y que les envidiaba por ser así de hermosas.
Solían jugar a colocarse el reflejo de la Luna sobre su cabeza, solo para burlarse de la Luna, solo para fingir que ellas la respetaba o admiraban, y con el afán escondido, de hacerle saber que jamás podría ser tan hermosa como ellas, aunque fueran solo ellas quienes creían tan sublime su encanto, así que cuando la Luna dejo de asomarse por las aguas y se dedicaba a asomarse a las copas de los arboles donde sabia que se escondía el nomo, estas se pusieron celosas, demasiado celosas, pues no concebían que alguna otra criatura pudiese quitarles la atención de la Luna.
Fueron a escondidas a buscar donde pasaba las noches la Luna, subieron por los ríos preguntándoles a otras criaturas si sabían donde pasaba las noches, y así poco a poco fueron acercándose a los bosques donde el nomo le gritaba la palabra prohibida, al escuchar aquello las sirenas sintieron mas celos, y coraje, pues ellas pese a ser tan hermosas, jamás habían escuchado para ellas la palabra prohibida, pues su belleza era tan poderosa, que las criaturas que les admiraban solo estaban a su lado por ese hechizo, y nada más, así que sintieron coraje contra la Luna, contra el nomo, y contra aquella palabra prohibida.
Ellas no podían creer que alguien les diera la espalda, era inaudito que alguna criatura prefiriera voltear a ver a un horrible nomo, en lugar de mirarlas a ellas, así que armaron un consejo entre tritones y sirenas, buscando ponerle fin a tal ofensa, pues no podían tolerar que alguien más tuviera tanta atención, aunque más que por la atención, lo que enfadaba más a las sirenas y tritones era el no ser capaces de sentir aquella palabra, más que por ellos mismos, pues era bien sabido que si algo amaban esas hermosas criaturas era su reflejo, era incluso por eso que solían subir a las montañas más altas, pues ahí las piedras cubiertas de hielo les hacían ver imponentes y blancas, por encima de cualquier otra criatura.
Así organizaron un plan para ponerle fin a aquello, y que la Luna volviera a asomarse sobre las aguas de aquellos tiempos, y poder sentir que se asomaba para mirarles, y que el nomo, entendiera de una buena vez que no era digno de tanta atención.
A la mañana siguiente después de organizar su plan, las sirenas fueron siguiendo a la Luna hasta el mar que estaba del otro lado del planeta, y un grupo de tritones subió por los ríos buscando al nomo, le encontraron recogiendo semillas de una jacarandá, pues un hada le había contado que en una de las montañas existía un hechicero que era capaz de hacer magia tan poderosa que era temido por los otros hechiceros, le había dicho el hada que por ser tan viejo, conocía muchos árboles y sus secretos, así como los secretos de las criaturas más viejas y sabias de aquellos lugares, el nomo pensaba en juntar semillas de algún árbol y llevárselas a aquel hechicero, para pedirle que las volviera semillas mágicas capaces de crecer muy alto, tan alto que él pudiera alcanzar su Luna.
Esa mañana del otro lado del mundo y siendo una noche diferente, la Luna también se encontraba contenta, pues el nomo le había contado su plan de ir a buscar a aquel hechicero, y sentía que faltaba muy poco para poder estar cerca del nomo, así de lados opuestos del mundo, uno sentía la misma felicidad que el otro, y estaban dispuestos a todo por poder estar juntos.
Pero no contaban con los planes que las sirenas y tritones tenían, no contaban con que la envidia que les habían despertado a aquellas hermosas criaturas era tan grande que estaban dispuestas a todo para separarlos, y conseguir de nuevo la atención de la Luna, quizás hubiera sido muy fácil simplemente matar al nomo, pero ellas sabían que eso haría que la Luna por tristeza quizás dejara de dar vueltas alrededor de la tierra y prefiriera escaparse por la pena, así que tenían que hacer que el desencanto fuera certero, pero que no les alejara de su atención, y sabiendo que a final de cuentas la Luna tenia alma femenina, optaron por ocasionarle una decepción.
Sabían que el nomo era demasiado necio, y estúpido como para poder entender que tenía que alejarse de la Luna, y sabían que con el paso del tiempo el nomo había aprendido a ser feliz, siendo nomo, así que buscaron la manera de poder decepcionarlo, pero no de la Luna, pensaron en hacer que se decepcionara de sí mismo, para que por fin se diera cuenta de que una bestia de tan horripilante aspecto, no podía sentir aquella palabra, pues no era digna de aquello, si un tritón o una sirena aun con su imponente belleza no podía sentirla, una criatura tan repugnante como el nomo, mucho menos, así que tendrían que enseñarle de manera cruel lo que era, esperando que esta vez aprendiera algo.
Las sirenas se acercaron a la Luna
-Luna, Luna, ¿Qué te ha hecho alejarte de las aguas? Hace mucho tiempo que no te vemos y nos tienes preocupadas ¿acaso estas enferma? ¿Te han hechizado? Cuéntanos Luna, que nosotras te podemos ayudar si es que has enfermado, sabes que eres muy importante para nosotras y que cada anochecer te esperamos para poder verte, porque la luz con que enmarcas nuestros rostros nadie la tiene, así que si somos hermosas es por ti nuestra querida Luna, dinos que te ha pasado.
La Luna pese a tener la misma edad que el sol, era muy inocente, y por la distancia que le separaba de las criaturas de la tierra no conocía muchas cosas, sobre todo los sentimientos que habitan dentro de algunas criaturas, así ella no entendía de envidias, no entendía de codicia, ni de vanidades, no entendía de la maldad con que se sienten algunas cosas, pero entendía la soledad y la distancia, el no poder estar al lado de alguien para secarle una lagrima, el no poder tomar de la mano para dar valor, si bien la Luna inspiraba muchos sentimientos, también es cierto que ella pocos sentimientos conocía, precisamente la palabra prohibida era algo completamente nuevo para ella, pues a pesar de muchas veces escuchar que alguien la mencionaba al mirarla, ella sabía que no la decían por ella o para ella, hasta que el nomo la miro, hasta que el nomo se atrevió a mirarla.
Así que al escuchar a las sirenas la Luna no entendió que tras sus palabras estaba la maldad que habitaba dentro de lellas, y con su silueta menguando dejo que un poco de polvo de estrellas cayera sobre las aguas en las que estaban sumergidas las sirenas para que este polvo les contara lo que pasaba esas noches en que había estado desatenta de las sirenas, pero muy al pendiente de su nomo.
Esto no hacía falta pues las sirenas ya conocían la historia, y sabían que era precisamente por el horrible nomo que ella les había dejado de mirar, así que fingiendo sorpresa y falso entusiasmo dejaron que el polvo de las estrellas les trazara sobre la superficie de las aguas la historia del nomo y su Luna.
-ay Luna, Luna, perdona que seamos nosotras quienes te tengamos que advertir sobre tu error, pero es que te queremos tanto que no queremos verte sufrir y menos por una criatura tan horrible como ese nomo.
Pusieron cara de tristeza y de reojo miraron que la Luna con su sonrisa menguando, cambio de tono, haciendo su brillo desaparecer.
-así es Luna, Luna, el nomo no es una criatura digna de ti y de tu atención, él no te corresponde como tú lo haces, además de que su apariencia es horrible por fuera, tanto como por dentro, y está lleno de engaños y de mentiras, no es sincero contigo Luna, Luna, te ha estado engañando y mereces saberlo, porque nosotras te queremos demasiado y sabemos que es lo mejor para ti, y una criatura tan horrible no te merece Luna, Luna.
La Luna intrigada trato de acercarse un poco a la tierra, pero no podía, y la única señal de sus sentimientos en aquel momento era que su brillo había desaparecido por completo, tan solo era una mancha gris, en medio de aquel obscuro cielo, incluso las estrellas habían dejado de brillar pues ellas sintieron la tristeza de la Luna al escuchar las voces de las sirenas.
-Luna, Luna, hemos visto al nomo hablando con otras criaturas, menos hermosas que tu o nosotras, y le hemos visto decirles también la palabra prohibida, de la misma manera en que te la dice a ti, Luna, Luna, nosotras nos enfadamos mucho, porque sabes que esa palabra es especial y que no se debe de pronunciar, pero ese horrible nomo suele acercarse a cualquier criatura para susurrarle aquella palabra, de manera tan vulgar que muchas veces hemos estado a punto de pedir que de nuevo sea juzgado y le impongan un mayor castigo, porque al parecer ser nomo no le basto, pero no hemos sabido con quien dirigirnos, y por su aspecto tan horrible, nadie quiere ir a apresarlo, Luna,Luna, nos da mucha pena decirte esto, porque sabemos que te ha engañado a ti y no sabes cómo nos duele tener que decirte esto y ser nosotras quienes te quitemos esa sonrisa de tu hermoso rostro, Luna, Luna, pobre de ti, Luna, Luna.
La Luna sintió en ese momento un dolor que jamás había sentido, pues la Luna nunca antes había sentido dolor, pero las palabras de aquellas sirenas habían logrado cruzar toda la distancia que había entre ellas y la Luna logrando meterse dentro de lo más profundo de su blanca piel.
-Luna, Luna, no debes sentirte mal, ese horrible nomo no merece que te sientas así, además sabes que siempre nos tendrás a nosotras que hemos estado mucho más tiempo que el nomo reflejando nuestra belleza en tu rostro, no debes de sentirte mal Luna, Luna, solo eres una víctima de su maldad, él no ha sido sincero contigo, si de verdad sintiera todo lo que te dice, sabría que una criatura tan horrible y estúpida como él, no es digna de tu atención, él no es bello Luna, Luna, como tú, o como nosotras, que solo te ofrecemos nuestra belleza cada que te acercas a mirarnos, él no tiene nada que ofrecerte, más que su fealdad, y esas imágenes ridículas que ha utilizado para hacerte sentir sus mentiras, pero hasta el viento hace mejores imágenes para ti Luna, Luna, no debes sentirte mal, solo fuiste una de sus víctimas, solo fuiste eso Luna, Luna.
La Luna pese a cada palabra que escuchaba de aquellas sirenas, no podía creer aquello, sintió cada una de las imágenes que había guardado sobre su piel, cada una de esas noches en que copiaba sobre ella las imágenes del nomo, con las inmensas ganas de que fueran sus garras las que le trazaran aquellas imágenes, sintió que todo era verdad, que todo lo que el nomo le había gritado era verdad, ella se había sentido especial por primera vez, había sentido la palabra prohibida por primera vez, y había sido por el nomo, por la manera única en que el nomo la miraba, por eso no sentía vergüenza de dejarse ver con la piel tatuada de aquellas imágenes, por eso no sentía vergüenza de que le supieran atenta al nomo, y ansiosa de poder verlo, por eso no le importaba gritar en el polvo de las estrellas lo que sentía por el nomo, no le importaba que otros leyeran sobre las imágenes lo que sentía, por primera vez, por única vez, pero ahora todo parecía ser una mentira, sin saber porque, o entender la razón que tendría el nomo para haberle hecho sentir aquello siendo mentira, siendo una farsa, la Luna sintió en ese momento una tristeza inmensa, tan inmensa como lo que sentía unos momentos antes de que comenzara a escuchar a las sirenas.
-no debes preocuparte Luna, Luna, él no merece que tú te sientas así, y ya te lo hemos dicho, nosotras estaremos contigo siempre, porque nos preocupas, porque somos sinceras y te queremos mucho, y sabes que las criaturas como nosotros, con esta belleza tan grande merecemos más que la atención y las mentiras e un horrible nomo, no estés triste Luna, Luna, que él no lo merece, déjanos ayudarte Luna, Luna, mandaremos a una de nosotras para que le cuente a los tritones el daño que te ha hecho el nomo para que se encarguen de él, no te preocupes Luna, Luna, siempre estaremos contigo.
Una de las sirenas se separo de aquel grupo y fingió marcharse a toda prisa para hacerle creer a la Luna que iría a informarle a los tritones de aquello que le contaban, pero tan solo fue a esconderse tras unos corales para poder reírse sin que la Luna se diera cuenta.
La Luna desde lo alto y completamente ausente de brillo, por sentir dentro un poco de duda trato de evitar que las sirenas fueran a avisarle a los tritones, pero estas siguieron ante las dudas de la Luna con sus engaños, para las sirenas era muy fácil convencer a cualquier criatura de algo, y convencer a la Luna que con toda su inocencia no conocía de muchas cosas, fue algo muy sencillo para aquellas criaturas, su plan para recuperar la atención de la Luna estaba funcionando y si los tritones hacían su parte, era seguro que esa misma noche pudieran de nuevo sentir la atención de la Luna sobre las aguas de aquellos lugares.



martes, 7 de diciembre de 2010

CUENTO DE NOMOS PARA DORMIR PRINCESAS CAPITULO FINAL Primera parte




“Sé que lo sentí, se que lo viví, fue real, se que lo fue, porque una vez fui hombre, ya no lo soy es cierto, pero alguna vez fui hombre y sé que lo sentí, se que lo viví y que fue real”
El nomo había pasado toda la noche repitiéndose esto, es cierto era un nomo, él había sido transformado en esa horrible bestia por una razón, por haberse atrevido a mencionar la palabra prohibida en el reino de las Princesas y peor aún, se había atrevido a sentirla, y por una Princesa, sin obedecer la regla que indicaba que las Princesas solo pueden estar con los Príncipes, y aunque él hubiera sido un hombre antes de ser nomo, nunca fue Príncipe, así que fue condenado y transformado en nomo como castigo, como una lección a todos los plebeyos que osaran poner sus ojos sobre una Princesa.
Muchas cosas eran distintas en aquellos días, todos conocían las reglas y sabían de la palabra prohibida, sabían que las Princesas eran Princesas desde que nacían, y parecía ser, que antes de ser otra cosa, una Princesa era Princesa, así se había vivido muchos años en paz, así se habían mantenido resguardadas tras los muros de aquel reino las Princesas, y toda la belleza que había en ellas.
Sin embargo las cosas habían cambiado mucho desde que el nomo había pisado el reino de las Princesas por primera vez, muchas cosas habían sucedido, y después de su exilio él había conseguido vivir de manera resignada con aquella maldición, con aquel hechizo que lo había convertido en lo que era hoy, un nomo, una bestia, yo incluso lo conocí así, pese al llanto que de vez en cuando soltaba y que con semejantes chillidos asustaba a todas las criaturas que le rodeaban, cuando lo conocí él estaba resignado, conforme con ser un nomo, y hasta diría que contento por ser la bestia que era, y a pesar de que le quedaban muy pocos recuerdos de cuando había sido hombre, las veces que solía contarme lo que hacía y lo que conocía de ser hombre, siempre me pareció muy poco, sin embargo a él le brillaban esos obscuros y pequeños ojos encima de sus enormes ojeras, cada que me contaba alguno de sus recuerdos.
No sé cuánto tiempo había pasado desde que aquel hechizo lo convirtió en nomo, pero cuando lo vi y al recordar su conformidad, me supongo que demasiados años tenía ya viviendo con ese horrible aspecto que le hacía estar lejos de todos, mucho más de las Princesas; sin embargo a pesar de su horrible apariencia, con esos ojos pequeños y obscuros encima de esas enormes ojeras que le enmarcaban la mirada triste, esos pelos escasos y tiesos que sobre su hocico simulaban un bigote, su cuerpo deforme y encorvado, los brazos largos desproporcionados, sus garras pequeñas y afiladas, y esa barriga que le chillaba cada madrugada exigiéndole un poco de café, su piel era gruesa y seca, de un tono amarillento, pálido, sus dientes chuecos y enormes, su nariz grande y húmeda, siempre húmeda, esas enormes orejas que le hacían ver la cabeza pequeña, y su voz chillante, cada parte de su cuerpo parecía que había sido diseñada exclusivamente para ser rechazada, y cumplía su propósito, pues semejante asco de criatura siempre solía horrorizar a quien le veía, forzándole a escapar lejos de aquella bestia, pero como les decía, a pesar de su apariencia horrible, se las había arreglado la vida para dejarlo dialogar de vez en cuando con alguna persona, con alguna criatura, incluso, con algunas Princesas.
Cada que me contaba esos encuentros, muchas veces pensaba que eran solo sueños que él tenía, imágenes que se creaban por algún recuerdo de cuando era hombre, de cuando había pisado el reino de las Princesas, de cuando el viejo carpintero le regalo su traje, de cuando trabajaba de artesano, de cuando estaba rodeado de la belleza de aquel reino, de cuando se había atrevido a mencionar la palabra prohibida, y peor aún, a sentirla, y a ser condenado por eso.
Habían pasado muchas cosas desde entonces, y muchas habían cambiado, aquellos lugares aunque parecían iguales, ahora ya no eran lo que eran antes, y lo único que mantenía aun creciendo esos reinos, esos bosques, esos poblados, era la magia que aun existía, la belleza se conservaba envuelta en aquel frágil papel, y había sobrevivido a todos los cambios que habían llegado después que fue condenado el nomo para ser ejemplo de lo que no se debía de hacer, y muchos habían aprendido la lección, pero los cambios a pesar de todo se dieron, eran inevitables, como también fue inevitable que el único que no aprendiera nada fuera el nomo, pero todos saben que los nomos son idiotas, y que no suelen pensar porque no saben hacerlo, y se dejan guiar muy fácil por lo que dentro de ellos sienten.
Así el nomo, después de tantas cosas, incluso después de ser nomo y a pesar de ello, no había entendido muchas cosas, sobre todo que siendo nomo no podía mencionar la palabra prohibida ni sentirla, no como un hombre común, porque ya era un nomo, y quizás debía de haber escarmentado cuando fue hombre, y entender que era muy alto el precio de atreverse a hacerlo, a vivirlo, pero el nomo no entendió, el nomo era idiota y no pensaba, no sabía pensar, y se aferro a aquella palabra, sin darse cuenta del precio que estaba por pagar, que iba pagando noche a noche.
Así después de haberse condenado por querer vivir aquella palabra cuando era hombre, el nomo había caído una vez más en el deseo de conocerla, de vivirla, pero ahora siendo nomo y lo había hecho, lo había conseguido, sin embargo el resultado una vez más le había costado un precio muy alto.
Habían pasado muchas noches, muchas Lunas, desde que su princesa Luna se había marchado, desde que él la había dejado marcharse, pues si bien había encontrado en ella el significado de aquella palabra a la que tanto se aferraba, también era cierto que por ese mismo significado el nomo comprendió que siendo Princesa, ella merecía un Príncipe y no un nomo, así que la dejo irse, a que buscara a su Príncipe, a que fuera feliz recorriendo reinos hasta encontrar al adecuado que le enseñara a pronunciar aquella palabra, que tanto él deseaba dejarle grabada a ella.
Pero ella era Princesa, las Princesas nacen siendo Princesas y siempre serán Princesas, y el nomo, ya era nomo antes de haberla conocido, así que aunque con mucho trabajo, una noche la Princesa subió a su caballo y se alejo, y el nomo tuvo que aprender que solo era un nomo, tuvo de nuevo que aprender que solo era eso y nada más.
Pasaron muchas noches, muchas Lunas, y el nomo no dejaba de pensar en su Princesa, le encontraba en cada bosque que descubria, le encontró en el murmullo de las hojas que caían de noche en aquel bosque mágico donde el carpintero había soltado las cenizas de su Princesa, la encontraba en el púrpura de las aves que salían cuando los botones de aquellas flores se abrían con los rayos de la Luna, la encontraba en los ríos de cristal que fluían melodiosamente soltando destellos de luz cuando la Luna asomaba el rostro en aquellas aguas solidas, la encontraba en todos los lugares a donde iba, en cada bosque, en cada niño que veía de lejos escondido en algún matorral de frutas rojas y que le hacían desear ser hombre y que esos niños fueran sus hijos, y los de la Princesa, la encontraba en la melodía de suspiros que cada noche aun se escuchaba tras los muros del reino de las Princesas, y que le hacían imaginar que estaría soñando su Princesa Luna.
Así pasaron muchas noches, y el nomo siempre le encontraba en algún lugar, pero donde más la encontró fue en el rostro pálido de la Luna, de su Luna, y pasaba las madrugadas trepado en las copas más altas que encontraba de aquellos arboles mágicos, y le hablaba a la Luna, como si fuera su Princesa Luna, como si fuera su Luna, así poco a poco la Luna fue conociendo al nomo, y comenzó a menguar para él, para sonreírle como su Princesa le sonreía, para sonreírle como a nadie le sonreía, y esto era de esperarse, pues nadie le hablo nunca a la Luna como el nomo le hablaba, pues nadie nunca le hizo hablar así, ni cuando fue hombre, ni ahora que ya era un nomo, ahora que tan solo era un nomo.
Pasaron muchas noches, pero siempre era su Luna, siempre era su Princesa quien al ocultarse el sol, se asomaba para encontrarle a él, que lo primero que su chillona voz decía al ver aquella silueta hermosa y radiante, era la palabra prohibida, y el nomo una vez mas rompía todas las reglas que en aquellos días había, para atreverse a vivir lo único que le había mantenido tantas noches con los ojos abiertos, antes de ser nomo, y ahora que solo era un nomo.
Y el nomo sintió de nuevo esa palabra palpitándole en cada poro de su áspera piel, y así como inmensa era su felicidad cada que miraba sus garritas iluminadas por aquella blanca luz, así de inmensa era su tristeza cuando al amanecer su Luna iba perdiéndose en el horizonte ante los rayos del sol, y una nueva despedida llegaba, llegaba sin poder sentirle, sin poder olerle, sin poder besarle, sin poder rozarle con sus garras, sin poder sentir el frío de aquella pálida sonrisa que brillaba solo para él, solo por él, y una espera le cubría las horas durante el día, la espera para poder ver de nuevo a su Luna, a su Princesa, y de nuevo gritarle la palabra prohibida, y de nuevo pedirle al viento que lo ayudara a acercarse un poquito más.
Muchas veces encontraba algún árbol mágico con flores moradas coronándole su follaje y se atrevía a hablar con él intentando convencerlo de que creciera un poco más, haciendo artífice a su vanidad le decía que si fuera más alto seria el árbol más hermoso de aquel bosque, y que solo tendría que hacer un poquito de esfuerzo, pero los arboles son sabios, y para ser sabios estaban acostumbrados a tomarse su tiempo, incluso hasta para crecer, incluso hasta para cambiar de vestimenta, así que por más que el nomo pasaba el día suplicándole a algún árbol que creciera antes del anochecer, llegaba el anochecer y el nomo seguían sin conseguir acercarse un poco más a su Luna, a su Princesa.
Algunas veces hacia rabieta el nomo, y sacudía fuertemente las ramas de los arboles hasta tumbarles las flores y las hojas, después apenado bajaba de las ramas y hacia alguna imagen con aquellos colores que quedaban sobre el pasto de aquellos bosques, les decía a los arboles que lo disculparan pero que les quería hacer un regalo por haberse tomado la molestia de crecer un poco más, sin embargo subía a la rama más alta, y le susurraba a su Luna que era mentira eso, que en realidad le había hecho la imagen a ella, para hacerla sonreír, para darle aunque fuera algo con lo que durante el día del otro lado del mundo ella pudiera recordarle, además de que siendo nomo, lo único que podía regalarle a su Luna era aquello que podía crear con sus garritas, muchas veces la Luna quedaba tan maravillada con las imágenes, que sobre su piel las copiaba, para hacerle saber al nomo que le habían gustado, y esto le costó trabajo descubrir al nomo, porque las imágenes que copiaba sobre su piel la Luna eran sin color, fue solamente hasta que una madrugada, casi a punto de salir el sol, una lagrimita le empaño los ojos al nomo, distorsionándole la mirada para darse cuenta de que el dibujo que le había hecho con flores y hojas, lo había guardado la Luna sobre su piel.
Así sobre la piel de la Luna se fueron acumulando diferentes imágenes, que muy pocos llegaron a notar, por el mismo problema del nomo, y aparecieron barquitos de papel, corazones con alas, estrellas disfrazadas de corazones, olas que escondían las veces que el nomo le había gritado la palabra prohibida a su Luna, muchas imágenes, todas sin color, pero eran la muestra de que la Luna disfrutaba aquellas humildes muestras de lo que el nomo sentía por ella, y las presumía sin importarle si alguien más se daba cuenta o no, y fueron pocos los que se dieron cuenta, incluso los mismos arboles creían que aquellas imágenes eran para ellos, tanto así que le pedían al viento que no las borrara, para poder presumírselas a los otros árboles, mientras entre el nomo y la Luna, sabían que aquellas imágenes eran la muestra de aquello que sentían uno por el otro, sin importarles quien más las viera, sin importarles que el viento por envidia, soplara fuerte para borrarlas, tratando de hacer nuevas figuras, gritando que el dibujaba mejor y sin tener garras, pero el nomo no se molestaba, pues sabía que siempre quedarían grabadas en la piel de su Luna, de su Princesa.
Pasaron muchas noches, y solo una Luna, su Luna, su Princesa, y la misma palabra inundando con ayuda del eco, cada rincón de aquellos bosques donde el nomo solía esconderse para no ahuyentar a nadie, para no molestar a nadie, para no ver a nadie, pues la única imagen que el nomo tenía ya en sus obscuros ojos, era la de su Luna, la de su Princesa, que se habían vuelto lo mismo para el nomo, y desencadenarían el mismo resultado.
Eran tiempos muy diferentes a los que conocemos, tiempos en donde las cosas mágicas estaban al alcance de todos, al alcance de todo, eran tiempos en que los unicornios tenían alas, las sirenas podían volar hasta las montañas mas altas, los dragones eran dragones, y los nomos eran nomos y solo eso, y tiempos en que la Luna era capaz de mirar al nomo y sentir la palabra prohibida solo por él, solo para él, a ella no le interesaba si alguien más la veía, ella solo menguaba para el nomo, no le importaba si las otras criaturas se daban cuenta de las imágenes que guardaba sobre su piel, no sentía vergüenza de eso, no sentía miedo de que noche a noche fueran los ojos obscuros del nomo quienes la miraran de esa manera, no sentía pena de que así fuera, y no le importaba que hasta el sol y el mar se encelaran de aquella horrible criatura que mantenía atenta a la Luna, menguando solo para él, solo por él.
La Luna estaba tan feliz y tan segura de lo que sentía cuando era siendo contemplada por el nomo, que muchas veces lograba escapar a todos los rayos del sol y se le podía ver a medio día menguando en algún rincón del cielo, muy poca gente lograba descubrir aquella Luna de medio día, porque muy pocos en realidad pasaban el tiempo mirándola, no al menos de la manera en que el nomo la miraba, no sintiendo lo que el nomo sentía, así que fueron muchos días así, con ella a medio día gritándole al mundo las imágenes que el nomo le había dibujado, gritándole al mundo la palabra prohibida que el nomo le había gritado cada noche, noche a noche, y algunas veces hasta medio día.
Eran tiempos diferentes, muy diferentes, tan diferentes que el nomo una vez mas fue capaz de sentir dentro de él la palabra prohibida, y la Luna, su Luna, fue capaz de sentirla por él, a pesar de ser un nomo, a pesar de ser Luna, a pesar de todo, a pesar de todo lo que desencadenarían después.




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